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El camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio. F.Nietzsche

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Creo que podemos estar de acuerdo con esta afirmación, pero sin embargo, pocas cosas nos invitan hoy a hacer silencio, a escuchar el silencio y a encontrarnos en él.

Tal vez nos da miedo por lo que supone. Porque en él hay verdad, no hay nada más. No hay gritos, risas, ruido, bullicio. Sólo hay lo que es, lo que está, lo que permanece. Tú yo real y con él te encuentras cara a cara.

En ese silencio interior estás tú y están los demás, pero desde tu experiencia, tal y como tú  los conoces, con lo que son y significan para ti.

Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio. Mario Benedetti

Por eso tal vez, no lo queremos y hasta huimos de él, nos resulta demasiado incómodo. Sin embargo el ruido no nos molesta porque nos evade y no nos deja pensar.

Muchos de los errores que cometemos en la vida se deben a esta falta de silencio, a este ruido ensordecedor en el que vivimos inmersos que no nos deja escucharnos.

De vez en cuando tenemos que intentar sintonizar con nosotros mismos con lo que de verdad somos, pero muchos no conocen ni su propia emisora.

Vivimos en un mundo que nos nos deja parar, todos corremos de un lado a otro, ajetreados, atareados, saturados. Nuestro tiempo es para el trabajo, para la tele, para el teléfono, internet, las redes sociales,…Demasiada infoxicación! Nuestro día a día no nos deja pensar, ni escuchar ni sentir. Si no sabemos escucharnos a nosotros mismos, cómo vamos a poder escuchar a los demás.

Podemos encontrarnos paseando, corriendo, o simplemente, callando. Hay que aprender a hacer silencio,  a conectar con nosotros mismos, a ensimismarse.

Nuestro castellano tiene palabras realmente ricas como este ensimimarse que quiere decir sumirse o recogerse en tu propia intimidad; abstraerse para sumirse en los propios pensamientos.

Esto supone una actitud, un aprendizaje. Ensimismarse no es estar distraído, sino estar concentrado dentro de uno mismo, en conexión con tus pensamientos. Digo que supone un aprendizaje y hoy más que nunca.

La educación debería prepararnos para eso. Queremos que los niños sean creativos, que sueñen y que piensen. Pero hoy vemos que un niño no sabe pasar más de cinco minutos sin un estímulo, una máquina, un móvil, la tele, algo que ocupe y tape esa capacidad de encuentro consigo mismo. Lo mismo nos sucede a nosotros. Dedicamos tiempo a muchas cosas pero dejamos que nuestro interior esté lleno de telarañas, y que sea un espacio vacío y de secano.

Si supiera dibujar bien probablemente ilustraría esta idea de nuestro espacio interior como una pequeña celda, una gruta, o unas paredes. Creo que este espacio es diferente en cada persona, algunos tienen u n castillo interior y otros sólo una ruina. Cada uno ha trabajado para tener su ruina o su Palacio.

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Puede servirnos la idea de nuestra Santa castellana, Teresa de Jesús y su Castillo interior, ese del que habla en sus «Moradas». En palabras de Santa Teresa, el Castillo interior es ese lugar: Adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma.  Pues eso! Un poco de este misticismo no nos viene mal, aunque sea un misticismo laico que busca encontrarse en secreto con uno mismo.

 

 

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Las personas a las que normalmente admiramos son personas que tienen un castillo un jardín interior, esas que están llenas, que son ricas, que incluso decimos que transmiten paz o cierta sabiduría. Se nota que tienen algo dentro, muchísimas cosas que han ido cultivando y cuidando en su interior. Para eso hace falta tiempo, paciencia, cuidado, intimidad. Esa riqueza interior llena y protege de muchos de los vacíos que nos ofrece el mundo hoy en día.

En el silencio construimos nuestro yo, nuestro refugio interior. Vuelvo a insistir en que construir una fortaleza interior supone tiempo y aprendizaje.

Todo lo que crea el hombre, cualquier tipo de creación nace en el silencio, en un silencio discreto y estudiado. Todos los grandes autores, artistas, músicos, escritores han creado sus obras en la intimidad, en la soledad, en el estudio.

El espacio de la creatividad está en el silencio no en los brainstorming. Por eso buscamos la creatividad pero no la encontramos en las charlas, ni en las reuniones, ni en los talleres. Hacemos muchos outdoor, pero tal vez debiéramos practicar más y mejor los indoor introspectivos.

Estos silencios, esta introspección supone pasar por el trance de conocerse a uno mismo, o por lo menos intentarlo. Si nos comprendemos podremos ser dueños de nosotros mismos. Es sorprendente que parece que este concepto ya no se tiene en cuenta. Parece que hay que asumir que uno es como es y ya está. Pero, podemos y debemos aprender a vencernos y a dominarnos. Nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestra voluntad pueden controlarse y cultivarse. Puedo ser mejor, puedo cambiar y orientar mis emociones y mi voluntad.

Existen algunos ayudantes en la búsqueda de la autocociencia y del silencio como son la música y la lectura.  Con ambas podemos hacer que cada palabra o cada nota sea nuestra también. Entendemos cada palabra desde nuestro yo, desde nuestra circunstancia, desde nuestra experiencia y nuestro sentimiento, y así la saboreamos , la reposamos y la digerimos.

Porque en nuestro día a día corremos mucho pero no sabemos a dónde vamos, lo importante es volver al inicio, al diálogo con nosotros mismos y ser autárquicos, como dice Emilio Lledó, teniendo el principio de nuestros pensamientos en nosotros mismos.

Y es que, ¿puede haber mayor ignorancia que no detenernos a saber quiénes somos?

En el silencio estoy yo y estás tú, allí te encuentro.

 

La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos parece ameno.
Erasmo de Rotterdam

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