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La palabra sostenibilidad ha sido incorporada en el diccionario de la RAE en su edición del 2014. La primera definición de desarrollo sostenible aparece en el informe “Nuestro futuro común”: Desarrollo sostenible es aquél que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades.

Una empresa sostenible es aquella capaz de garantizar este tipo de crecimiento responsable, que asegure ser económicamente viable, socialmente beneficiosa y ambientalmente respetuosa. Y que además, garantice este triple resultado para las generaciones futuras.

La Responsabilidad social empresarial, supone un cambio y una mejora en el comportamiento y hábitos de los individuos que conforman la organización. La transformación de las organizaciones puede trasforman la sociedad, no sólo por su forma de impactar en las comunidades, si no por su poder de movilizar a las personas como agentes del cambio.

La Responsabilidad social corporativa viene a recordarnos que los principios fundamentales del ser humano no pueden olvidarse ni pasar a un segundo plano para priorizar el beneficio empresarial.

Pero cada vez son más las voces que discuten el problema de la terminología. El problema de la RSE, es la S de Social. Esto puede crear confusión, ya que la Responsabilidad social empresarial es mucho más que únicamente la acción social de las organizaciones, aunque parece verse reducida a eso. Casi todas las noticias de los medios de comunicación sobre Responsabilidad social corporativa hacen referencia a las acciones sociales de las empresas: fundaciones, donaciones, voluntariado corporativo,…

voluntario

Es por esta razón que muchos teóricos y expertos en Responsabilidad social hablan ya de sostenibilidad, este término también se ha asociado al respecto con el medio ambiente, pero parece ser más amplio, y nos conduce a la idea de desarrollo o crecimiento sostenible. De esta manera hay lugar para el triple bottom line y no sólo para quedarnos en el impacto social.

 

De hecho, la primera responsabilidad de una empresa es su viabilidad económica y su crecimiento sostenible en el tiempo. De estos resultados depende todo lo demás. El primer grupo de interés de una empresa son los propios miembros de la organización, así que tendrá que garantizar su empleo y su bienestar. Es tontería hablar del impacto social y medioambiental si una empresa no tiene resultados positivos ni puede crecer.

Al margen de la terminología, lo importante es que estamos en el buen camino, tratando de hacer las cosas bien y humanizando las empresas para que sean responsablemente sostenibles.

 

“De una nueva conciencia puede surgir la creación de un nuevo mundo, más justo y sostenible. Tenemos que reinventarnos, reencuadrar  nuestras percepciones, remodelar nuestras creencias y nuestros comportamientos, unir  nuestro conocimiento, reestructurar nuestras instituciones y reciclar  nuestras sociedes” [1] Ethical Markets: Growing the Green Economy. Hazel Henderson.

 

 

 

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